lunes, 23 de abril de 2018

Paletería e insulto

El ayuntamiento de Madrid ha plantado 80 meninas chungas en el espacio público de la ciudad así, a lo tonto, para fastidiar.


Es verdaderamente agotador que no le dejen a Madrid respirar a gusto ni quince días: Cuando no hay un estorbo hay otro, cuando no hay una patochada hay otra. Pero es que además vale todo. No hay criterio, no hay valoración.

Que conste que para estas cosas me caen mejor la alcaldesa actual y su equipo que lo que ha habido antes, pero sigue prosperando el infantilismo cultural, la paletería y, lo que es peor, el insulto.


Sí, el insulto. Porque a la gente que se dedica al arte y al diseño no se la trata bien, apenas se le dan facilidades ni ayudas, y cuando se organiza un evento como este se invita a toreros, cantantes, actores... gente de la prensa del corazón que de pronto se arranca con esto porque al fin y al cabo para estas cosas todo el mundo tiene mucho talento, mucha originalidad y muy buen gusto, ¿no?1

viernes, 13 de abril de 2018

Gracias, Madrid

A David García-Asenjo y a Chema,
que me han proporcionado las
imágenes que ilustran esta entrada.

La revista Arquitectura, del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, cumple cien años. La exposición que se está haciendo durante estos días muestra las diversas orientaciones que ha tenido esta publicación tan prestigiosa a lo largo de su siglo de vida y, con ello, muestra también la historia de la arquitectura no solo madrileña, sino española e incluso mundial.

Es una revista muy importante. Quienes tenemos una cierta edad hemos conocido ya varias etapas con varios equipos directores, siempre en un muy alto nivel. La revista es un referente no solo dentro de su ámbito colegial (la provincia de Madrid).

Pero, aparte de su clara vocación cultural, vanguardista, de debate, etc., es (o debería ser) una revista profesional. Y digo "profesional", si queréis, incluso en la acepción más cutre y rutinaria del término.

Porque no debemos perder de vista una cosa: La profesión de arquitecto (al menos en su forma clásica de profesional liberal) ha de ejercerse obligatoriamente bajo colegiación. El colegio de arquitectos es nuestro garante, nuestra fuerza, nuestra defensa, pero también es nuestro chulo.
Un buen chulo le defiende a uno, le ayuda a cobrar, le protege, pero uno malo te saca los cuartos y te deja tirado. Esto da para otra entrada. Hoy no toca.

A lo que quería ir es que el arquitecto debe colegiarse a la fuerza, y el colegiado madrileño con su cuota obligatoria está pagando también su suscripción a la revista Arquitectura. Esta revista trata al arquitecto como al artista de vanguardia que se supone que es y le estimula con propuestas superferolíticas. Eso está bien: Ser arquitecto es algo más que dedicarse a sobrevivir ejerciendo una profesión cada vez más evanescente y zurrada. Ser arquitecto es rozar el cielo (o algo así: yo ya no sé). Y la revista no va a dedicarse a cosas triviales como de revista de colegio profesional. Qué risa: como esas revistas de colegios anodinos de profesionales más anodinos aún que te hablan de cómo hacer la declaración de la renta, y de normativa, y te dan noticias técnicas, de materiales, etcétera.

No, no. La cojorrevista del cojocolegio madrileño te dice cosas como estas:

Clicad si tenéis lo que hay que tener y lo veréis más grande

El arquitecto madrileño que paga religiosamente sus cuotas y que está más que preocupado porque ya no sabe cuánto pedir por una ITE o por un CEE porque no se come una rosca recibe periódicamente en su casa este estupendismo obsceno.




Un diseño muy al desgaire, muy de cuidadoso descuido, muy avanzado. Es que somos arquitectos, coño. A ver si vamos a querer parecer yo qué sé: gente sensata y aburrida.

Vale: El diseño es incómodo. Está hecho para ser ilegible. No lo vamos a poner cómodo ni asequible, coño, que somos arquitectos.
Sí, el diseño es duro. Muy duro. Pero al fin y al cabo eso es solo la apariencia. Lo que importa es el contenido, el fondo. Lo que importa son las ideas. Así que tomad un botón de muestra:


Ah. Esto ya es otra cosa. ¿Lo habéis leído? Pues leedlo otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Y otra.
¿Ya os habéis empapado? Pues insistamos. Os lo transcribo. Leedlo otra vez:

Los diferentes estados de la energía no prejuician cualidades arquitectónicas, la construcción es deudora de un tipo, la creativa de otro. Un estado, una acción o una disposición son oportunidades de experimentación que determinan presencias o apariencias.

Yo confieso que lo he leído diecisiete veces, y aparte de errores léxicos, de concordancias y de puntuación (o a lo mejor precisamente por eso) no sé lo que pone.

A lo mejor es que no lo leo bien. Voy a probar otra vez.

LOS DIFERENTES ESTADOS DE LA ENERGÍA NO PREJUICIAN CUALIDADES ARQUITECTÓNICAS, LA CONSTRUCCIÓN ES DEUDORA DE UN TIPO, LA CREATIVA DE OTRO. UN ESTADO, UNA ACCIÓN O UNA DISPOSICIÓN SON OPORTUNIDADES DE EXPERIMENTACIÓN QUE DETERMINAN PRESENCIAS O APARIENCIAS.


lunes, 9 de abril de 2018

Para una nueva crítica

[Nota previa.- Todos los ejemplos de Trip Advisor han sido tomados de El Barroquista, a quien agradezco mucho su labor de selección (tiene bastantes más) y su llamada de atención].


El otro día escribí que el Panteón de Roma es (para mí) uno de los motivos por los que merece la pena vivir.
No hace falta decir que otras personas tendrán otros motivos, y también que a la mayoría les gustará pero no será para tanto como para justificar su vida. Y finalmente, sí, amigos, he de reconocer que a algunos no les gusta nada.


Claro, que uno se pregunta, como siempre, cuánto vale el mero "me gusta" y el mero "no me gusta", y si no habrá algún criterio más objetivo.
Pues parece que no. Parece que de lo que se trata es, precisamente, de dar opiniones subjetivas, que son las que valen porque la opinión de cada uno es soberana y, lo que es más importante, es libre e insobornable.
Tanto es así que la Nueva Escuela Epistemológica (Trip Advisor), que empezó ofreciéndonos críticas sinceras y valientes sobre hoteles y restaurantes, ha ampliado su campo (era necesario) y se ha extendido a museos, monumentos y obras de arte en general siguiendo su aclamado y afamado estilo amítúnomeengañas, puesmenudosoyyo, y veteareírtedetupasteleramadre.

¿El Panteón de Roma? Deprimente. No vale la pena visitarlo. Está muy a mal traer (¿?) oscuro y poco referente. Esperaba algo más bonito.

(Clicad esta y las siguientes capturas para verlas más grandes y poder leerlas)

No me extraña que de 1 a 5 le pongan un 1. (Cero no se pude poner. Lo mínimo es uno. Uno. O sea, lo peor de lo peor. Peor que ir de turismo a un desguace o a un basurero).
¿Poco referente? Ahí la llevas.
Y sí. Es oscuro. Y eso que se han dejado un bujero en to lo alto.


Un agujero porque la gente antigua llevaba mohair bajo la ropa y los pies llenos de hongos fermentados, y eso hacía que no sintieran el frío y qué sé yo qué más. Pero ahora la gente se moja cuando llueve y eso no está ni medio bien. ¿Qué mierda de edificio es ese que deja pasar el agua de lluvia? Podéis ahorraros el sofocón de ir a verlo si hacéis un agujero en un cartón negro y miráis el cielo a través de él. Y además así no os mojáis.

lunes, 2 de abril de 2018

El grano de Plutón

A Ekain Jiménez Valencia, que me ha contado
lo del grano de Plutón, me ha pasado las fotos
del grano y me ha hecho así más de media entrada.


Parece que mucha gente se ha puesto de acuerdo en elogiar el arte de Gian Lorenzo Bernini comentando esta foto:


Últimamente la veo por todas partes. La gente se hace cruces de la maravilla que supone hacer que el frío y duro mármol parezca carne. Mirad cómo presionan los dedos de Plutón en el muslo de Proserpina. La verdad es que es impresionante.
Sin embargo, a mí eso no me parece que sea la quintaesencia y la razón de ser del arte, como dicen todos. No le quito mérito, naturalmente que no -¿cómo se lo podría quitar?- pero me parece que eso se ha llamado siempre "oficio". No es fácil, claro que no, pero se aprende.
Ya hablé de eso aquí, así que no voy a repetirme ahora.

Esta escultura, El rapto de Proserpina, es muy buena. Está muy bien, naturalmente que por las texturas que logra su autor, pero tanto o más por la composición, por el movimiento contenido y vibrante, por las tensiones enfrentadas... En fin.


El arquitecto vitoriano Ekain Jiménez estaba hace poco en la Galería Borghese de Roma y se quedó mirando atentamente esta magnífica estatua. Siendo él un gran dibujante imagino que miraría detalles, proporciones... De pronto, por la parte trasera de la estatua, la menos vista, atendida y fotografiada, le pareció ver...




Ekain Jiménez. Serie Aproximación al grano, pixel sobre pantalla

¡Un grano! ¡Una verruga! ¡Un angioma  rubí (o beso de ángel)!

jueves, 29 de marzo de 2018

Los clones

El periódico EL PAÍS ha publicado un reportaje en el que denuncia que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha clonó un polideportivo y lo reprodujo más de cien veces sin que su autor lo supiera.


Por favor: Antes de seguir leyendo esta entrada leed el reportaje. Clicad aquí.

Sí. Me espero. Leedlo sin prisa.

¿Ya lo habéis leído? Pues sigamos.

El reportaje, que sobre ser de denuncia también es un poco de recochineo hacia los castellano-manchegos (sí, amigos: Don Quijote, los molinos, lo paletos que son los alcaldes...), es -a mi juicio- pésimo, y de un amarillismo y de una mala calidad periodística antológicos.
(¿Y lo de la burbuja inmobiliaria a qué viene?).

Si el autor del libelo se hubiera tomado la molestia de preguntar a los técnicos de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de informarse bien (y de ser crítico con ellos; no quiero decir que les hiciera la ola) habría tenido bastante material para hacer un buen reportaje, muy interesante y aleccionador, de una de las actuaciones de las que más orgulloso se ha sentido durante años (y con razón) el gobierno de Castilla-La Mancha.

domingo, 25 de marzo de 2018

Merece la pena

Cuando un profano como yo se quiere poner filosófico sin estar formado en filosofía suele decir muchas perogrulladas y cursilerías pensando que está diciendo algo interesante.
Soy consciente de ello, pero aun así me atrevo a escribir sin pudor una sensación que he tenido muy intensamente. A ver si la sé explicar:
Siempre, desde niño, le he tenido mucho miedo a la muerte, un miedo angustioso. Ahora lo voy controlando un poco más, y solo aspiro a que, si ninguna enfermedad ni accidente se me cruzan antes, llegue el momento en que sea lo suficientemente viejo y equilibrado (y también cansado y lúcido) como para pensar en ella con serenidad y con paz, o tal vez para que ya me importe todo una porra.

Lo angustioso es pensar que la muerte termina con todas las posibilidades, con todas las opciones, y las aplasta con la losa de lo ya irrefutable e incorregible. Quiero decir, por ejemplo, que nunca me he tirado en paracaídas y creo que nunca se me ocurrirá hacerlo, pero es algo que está ahí, a mi disposición. Es una posibilidad abierta. ¿Quién me dice que tal vez algún día...? Tampoco conozco Uagadugú (Burkina Faso), ni he leído el Yajurveda (ni tampoco, ya puestos, Mis bodas reales), ni he asistido a una función de kabuki (ni al certamen internacional de tunas "Cazorla Pueblo"), ni he probado el caviar iraní (ni los saltamontes fritos). Pero todo eso está ahí, y tal vez el día menos pensado los disfrute o los sufra. ¿Quién sabe?
Cualquier día puedo empezar a estudiar ruso, o apuntarme a un club cicloturista, o comprarme un sombrero. ¿Por qué no? Todo es posible. Todo está disponible. Todo puede ocurrir.

Pero la muerte quita todas esas opciones, echa el cierre y acaba con los sueños de "tal vez algún día..." y de "ya veréis cuando yo..." No; ya nada. Esto fue lo que fue. Se acabó. Hasta aquí hemos llegado.
Libros que nunca leeré. Cosas que nunca haré. Películas que nunca veré. Países que no visitaré. Gente que no conoceré.

Perdonadme las perogrulladas y las tonterías, ya digo(1). Estoy soltando una obviedad tras otra, ya lo sé.

lunes, 19 de marzo de 2018

Arquitectura del siglo veintiuno

A Eduardo Almalé y a todos mis
amigos pisacharcos de twitter.

El otro día mi amigo tuitero Eduardo Almalé, siempre polémico y activo, dijo que hay consenso en que los tres grandes arquitectos del S. XX fueron Frank Lloyd Wright, Le Corbusier y Mies van der Rohe, y puso sobre la mesa la cuestión de quiénes serán los del S. XXI.

Algunos se atrevieron a proponer varias ternas y yo dije que estamos tan solo en 2018, y me pregunté qué terna habrían propuesto los arquitectos en 1918 para elegir a los más grandes del S. XX. Obviamente, ni Le Corbusier ni Mies habían hecho aún nada interesante, y Wright, aunque ya era conocido, no creo yo que suscitara por entonces los entusiasmos mayoritarios. Seguramente los arquitectos de la época habrían elegido a sus compañeros modernistas o neoclasicistas más rimbombantes, y habrían creído que esa iba a ser la arquitectura característica del siglo XX, sin tener la más vaga intuición de lo que iba a pasar.

En 1918 ya llevaba un año fundado De Stijl en Holanda, pero aún no era conocido ni había causado ningún efecto apreciable. La Bauhaus aún no existía. Los rusos estaban en plena revolución... ¿Quién podría imaginar lo que venía?

Me gustaría que terminara alguna vez este largo período manierista que vivimos en este ya tan largo fin de siglo, y que hubiera un nuevo florecimiento bajo algunas ideas que no soy capaz de intuir ni de imaginar, pero a menudo dudo de que eso vaya a ocurrir y más bien espero resignado que esta decadencia remate finalmente en un plof.

Como soy un pisacharcos y me gusta opinar más que a un cartero doblar una revista, en ese debate tuitero se me ocurrió decir a modo de boutade (pero no tan boutade) que tal vez el XXI sea el siglo de la esperada desaparición de la arquitectura.
No digo deseada. Digo esperada.
Y ahora me toca defender esa tontería que dije.